Reproducimos el siguiente estudio del Licenciado en Historia del Arte, José Miguel Alcántara Castilla.
| (Pincha en la imagen para ampliarla) Parque del Olivar de Fuenlabrada |
En 1723 se produjo un litigio en Fuenlabrada, cuando Antonio Alonso, vecino de la villa de Cantabrana (Burgos), fue detenido en Leganés por comprar en Fuenlabrada cuatro cargas de aceite para revenderlas en su tierra, algo ilegal según legislación de la época, ya que los responsables del comercio (obligados) sólo podían hacer transacciones si la localidad de compra y venta se encontraban a menos de cinco leguas de la corte de Madrid, es decir, en el caso de Fuenlabrada. Durante el juicio todos intentaron defenderse y justificar sus acciones. En su defensa, Antonio Alonso se amparó en el desconocimiento sobre leyes, pidiendo libertad y se le devolviesen los mulos para regresar a Burgos.
Hasta la segunda mitad del siglo XIX, no hubo libertad de comercio. La mayoría de los productos estaban tasados, con penas para los infractores y los precios controlados por los regidores, que perseguían a los regatones.
Como ya reseñé en otro artículo en Memorias de Fuenlabrada, el aceite se podía vender diariamente en la abacería local. El Ayuntamiento estableció controles y reglamentos para evitar el fraude en pesos y medidas, hasta tal punto de que se estableció obligatoriamente a dejar un tiempo la medida sobre el embudo cuando se despachaba aceite con el fin de que escurriese bien.
Como curiosidad, en los siglos pasados, el aceite tenia otros usos como las lamparas, unciones religiosas, protección de jarras, cubas o tinajas, conservación de alimentos, herbicida natural, elaboración de jabones, etc.
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