Guerra de la Independencia (1808-14)


El Dos de Mayo de 1808 el pueblo de Madrid, apoyado después por el resto de españoles, se alzó en armas contra el ejército de Napoleón, el más poderoso de su tiempo. Lo más notable de aquella contienda, más allá del rechazo a la dominación extranjera, es que hizo aflorar una conciencia y sentimiento común por defender la nación en los madrileños y en todos los españoles.

Fernando VII (hacia 1814)
por Vicente López Portaña
En este apartado del blog repasaré la historia del comienzo de la Guerra de la Independencia, su desarrollo en el pueblo madrileño de Fuenlabrada, el Dos y Tres de Mayo en Madrid, el célebre Bando de la Independencia, lugares actuales de Madrid donde transcurrió el levantamiento y donde se recuerda a los madrileños fusilados, biografía de los Héroes del levantamiento del Dos de Mayo y las fiestas del Dos de Mayo en los pueblos y ciudades de la Comunidad de Madrid.

   Antecedentes: 
Napoleón decidió invadir España aprovechando la debilidad de Carlos IV (1788- 1808), un rey dominado por su esposa, María Luisa de Parma, y por el primer ministro, Manuel Godoy apodado 'Príncipe de la Paz'. La excusa fue la negativa de Portugal a secundar el bloqueo continental contra Inglaterra decretado por Napoleón. El emperador prometió a Godoy un reino en el sur de Portugal y a Carlos IV el título de «emperador de las Américas» a cambio de dejar que sus tropas pasaran por territorio español (Tratado de Fontainebleau, 1807). Los franceses invadieron Portugal y se instalaron en varias ciudades españolas. 

Entre el 17 y 18 de marzo de 1808 los seguidores fernandinos, hijo de Carlos IV, organizarán el motín de Aranjuez en contra del ministro Manuel Godoy por su política. El día 19 de marzo, Carlos IV abdicó en su hijo, el nuevo monarca Fernando VII. Godoy permaneció dos días escondido hasta que en el amanecer del día 19 es apresado y trasladado ante Fernando VII, que ordena su prisión a la espera de juicio. A partir de ese momento y hasta el 21 de abril, Manuel Godoy permanecerá recluido en el castillo de Villaviciosa de Odón de donde solo saldrá para abandonar España y no regresará jamás. Fernando VII reinará durante casi dos meses, mientras tanto el cerco francés se cierra sobre Madrid.
Caída y prisión del Príncipe de la Paz en Aranjuez, 1814 
por Francisco de Paula Martí y Zacarías Velázquez

Cuatro días después del motín de Aranjuez, el 23 de marzo, las tropas francesas al mando de Murat (cuñado de Napoleón) entran en Madrid. Además, 30.000 soldados franceses todavía bajo el disfraz de un ejército aliado se establecen en los pueblos de alrededor de la villa. El día 24 de marzo, Fernando VII regresa a Madrid como Rey de España. El entusiasmo popular estalla, las campanas de la ciudad tocan arrebato, había llegado Fernando VII 'El Deseado'.

El 10 de abril, el rey Fernando sale de Madrid para reunirse con Napoleón. El lugar de la cita se establece en Burgos, más tarde en Vitoria y finalmente en Bayona (Francia). La población madrileña asiste a la salida del nuevo monarca que busca el apoyo y reconocimiento de Napoleón. Unos días más tarde, el 21 de abril, Carlos IV, su esposa María Luisa y Manuel Godoy, que ha sido liberado por orden del general Murat, viajan también hacia Bayona. Tanto Carlos IV como Fernando VII piensan que Napoleón les apoya, pero el emperador ya ha decidido que el próximo rey va a ser su propio hermano, José Bonaparte.

La estancia de la Familia Real en Bayona va a convertirse en un prolongado exilio que durará 6 años. La situación de España es desesperada, el ejército francés se ha establecido en Madrid y la Junta Regente nombrada por Fernando VII para gobernar en su ausencia es un juguete en manos del general Murat. Las viejas rencillas entres Godoy, Carlos IV y Fernando VII conducen a una situación sin más salida a la claudicación. Finalmente, tras los sangrientos sucesos en Madrid el 2 de mayo, Napoleón obliga a que el efímero rey Fernando devuelva la corona a su padre, y éste a su vez entrega el reino al emperador (Abdicaciones de Bayona entre los días 5 y 6 de mayo). Los planes de Napoleón se han ejecutado, solo queda que el general Murat reciba la orden de culminar la invasión de España, tomando Madrid.

Esta sucesión de acontecimientos conducen sin remedio al estallido violento del 2 de mayo, cuando Madrid se convirtió en un campo de batalla. En cada plaza y en cada esquina se produjeron enfrentamientos a muerte entre franceses y españoles. Las tropas imperiales, eficaces y bien equipadas se vieron sorprendidas no obstante por una multitud de hombres y mujeres exasperados que descargaron sobre ellos el odio acumulados durante semanas. El pueblo se echó a la calle para impedir la sumisión de España. Cada descarga de fusilería era contestada con navajazos y pedradas, el número de víctimas crecían rápidamente. Comenzaría así la Guerra de la Independencia Española.

A partir del Dos de Mayo, militares y civiles lucharon hasta que el último soldado francés, cruzó los Pirineos. El ejército español era inferior al francés pero con la ayuda del pueblo alcanzó la victoria. Ricos y pobres, clérigos y laicos, nobles y plebeyos, actuaron como un sólo hombre en pos de expulsar al invasor. Entre sus filas surgió un grupo de célebres luchadores 'los guerrilleros' que acosaron sin descanso a los militares franceses. Napoleón afirmó que «España era una chusma de aldeanos dirigidos por una chusma de curas». Su propio hermano, José I le advirtió en una carta de que estaba en un error y que su gloria se hundiría en España. Cinco años más tarde, los franceses son vencidos en Vitoria el 21 de junio, y expulsados, definitivamente, de España tras la batalla de San Marcial, el 31 de agosto de 1813.

   La Guerra de la Independencia en Fuenlabrada:
I Jornada Napoleónica de Fuenlabrada (28 noviembre 2015)
por Memorias de Fuenlabrada
En años de gobierno francés, Fuenlabrada estuvo obligada a suministrar víveres a las tropas transeúntes de otros pueblos vecinos. En el archivo municipal de Fuenlabrada, se conserva un libro fechado el 1 de enero de 1809 con un listado importante de suministros. Inmediatamente un regimiento galo se acantonará en Leganés, y Fuenlabrada quedará designada como el obligado lugar de avituallamiento de la tropa. En un principio se recurre a los excedentes almacenados en el pósito y los procedentes de las tercias eclesiásticas: ya en febrero de 1809 se transcribe en el libro de acuerdos una orden real por la que el pueblo ha de entregar la provisión de granos y frutos de los diezmos para mantener al ejército francés. 

Pero a partir de 1810 los recursos se acababan y se crean nuevos arbitrios para el suministro del ejército francés. En febrero, y por orden del ministerio de Hacienda, conde de Cabarrús, se ordena que se lea en la misa mayor del domingo la amnistía concedida por José I a todos los que le juren fidelidad; lectura escuchada por un pueblo impasible, que aún no sabía lo que estaba ocurriendo y por ello, acataba el poder instituido de la constitución de Bayona. El 5 de noviembre, el Ayuntamiento dicta una serie de normas ante la inseguridad que sufre y acuerda organizar, por primera vez en la historia del pueblo, la seguridad ciudadana. El 18 de noviembre se acuerda por votación dividir los prados de Valdehortelano y Acedinos en suertes y recaudar fondos para el suministro a la tropa, al mismo tiempo se nombra una comisión para que indague la forma de rebajar los impuestos, ya que son imposibles de pagar, pues los 55.000 reales de este año se convertirán en 77.000 al siguiente. En abril de 1811 el Ayuntamiento tiene que vender todos los prados comunales, excepto la Vega, para hacer frente a las exigencias de las tropas de Leganés; el pueblo padece una carestía de pan para el consumo. En agosto se recaudan entre los vecinos 55.000 reales y 300 fanegas de cebada exigidos por las tropas. El 16 de noviembre del mismo año se exigen otros 100.000 reales más al pueblo, que a duras penas pudo recaudarlos.

II Jornada Napoleónica de Fuenlabrada (29 abril 2017)
por Memorias de Fuenlabrada
Al año siguiente, en 1812, se inician los embargos directamente por la tropa; de los caudales se lleva rigurosa constancia y tasación por la justicia local, pero los recursos se van agotando a medida que aumentan las presiones tributarias, hasta que la carencia de víveres hace imposible el envío de avituallamiento a Leganés. La reacción no se hace esperar, pues la tropa francesa toma a saco Fuenlabrada robando, incendiando y asesinando indiscriminadamente. Estos violentos actos se van a repetir cuatro veces, y el más terrible de todos se realizará el 22 de agosto de 1812, durante el cual la tropa francesa exterminará a casi la mitad de la población de Fuenlabrada. El 9 de octubre de 1812 toma posesión el Ayuntamiento constitucional de Fuenlabrada; acatando la Constitución de 1812. Lo primero que realizará será un libro de embargos a los vecinos para el suministro a las tropas españolas.

Los franceses vuelven a Madrid a principios de 1813 y de nuevo se inician las presiones para el suministro a la tropa. Ante el temor a las represalias, los alcaldes de Fuenlabrada han huido y los regidores y varios vecinos se reúnen el 5 de abril para discutir qué medidas se pueden tomar para el surtido a la tropa ante las estrecheces económicas del pueblo. Parece ser, por la documentación conservada, que no pudieron reunirse los recursos suficientes y las tropas inician un nuevo saqueo en la localidad, con todas sus secuelas de violencia. Esta vuelta de los franceses ha sido momentánea, pues inmediatamente se inicia el repliegue hacia el Norte, pero para Fuenlabrada ha sido funesta. A mediados de abril queda, definitivamente, liberada la villa de las tropas francesa; el día 24 de abril se reúnen los regidores y once vecinos para tomar medidas contra los vecinos fugados, embargándoles sus bienes y ganados para hacer frente al suministro de las tropas, ahora españolas. En mayo, los vecinos congregados nombran nuevos alcaldes ante la huida de los anteriores. 


El 6 de enero de 1814, un comisionado se presenta en Fuenlabrada para realizar el censo de todos los bienes de los vecinos del pueblo. La contestación del Ayuntamiento será: “el término es lo más oneroso y, por consecuencia, poco productivo; no hay pagos de viñas ni olivares, sólo dos recién plantados, de quinientos pies”. El 15 de diciembre de 1814, el alcalde D. Bernardo Pérez, normalizada la situación tras la dominación francesa de años anteriores, se persona en el hospital y ordena que hagan las diligencias necesarios para averiguar las causas de la herida de un balazo que sufre Martín Antonio, hijo del encargado del hospital.

   El 2 y 3 de Mayo en Madrid

Francisco de Paula, Infante de España (1800)
por Francisco de Goya
La mañana del 2 de mayo de 1808, la villa despierta tras la fiesta de Santiago 'el verde' la popular romería del patrón de Madrid. Los comerciantes y los artesanos se preparan para una nueva jornada de trabajo. Otros años, las fiestas en honor al patrón han sido alegres y multitudinarias, pero ahora se respira un clima tenso en sus calles. El pueblo de Madrid está tan molesto como perplejo desde que el día 23 de marzo las tropas francesas llegaran a la villa provocando el malestar entre los ciudadanos. Aunque la capital alcanza los 170.000 habitantes, esa mañana sus calles están casi desiertas. Los madrileños conviven forzados con las tropas francesas. 

En palacio sólo permanecen tres miembros de la Familia Real: la infanta María Luisa de Borbón, reina de Etruria; y los infantes don Antonio y don Francisco de Paula. Pero los rumores apuntan de que hoy serán trasladados a Francia. 

A las ocho de la mañana, los tambores anuncian el relevo de la guardia en los cuarteles de la capital. Mientras en la ciudad comienza a formarse los primeros corrillos de gente. Entre los habituales vagos y haraganes, se han filtrado algunos agitadores que desde hace días predisponen a la población contra los franceses. Aunque no parecen organizados les va a resultar fácil convencer a la gente para que se una a su causa. 

En el Palacio Real, frente a la puerta del Príncipe, un carruaje espera desde primera hora; al alba, otro coche había partido hacia Francia con la reina de Etruria en su interior. Protegidos por la guardia real, los lacayos de Palacio ultiman los preparativos para el viaje de Francisco de Paula, el último miembro de la Familia Real que queda en Madrid. Absolutos en su trabajo, no ven llegar al grupo de agitadores, que armados con picos, palas y rastrillos, irrumpen en la explanada. La guardia no puede impedir que la turba rodee el carruaje. Los gritos y las amenazas se vuelven más violentos y es entonces cuando al amparo del caos, otro grupo de alborotadores logran entrar en Palacio y llegan hasta la estancia donde se encuentra el infante. Francisco de Paula, con una serenidad impropia de su edad, tranquiliza a los alborotadores. Mientras, en el exterior, comienzan a escucharse las primeras consignas, destacando al cerrajero José Blas de Molina Soriano que grita: 'traición', 'se nos han llevado al Rey' o 'muerte a los franceses' e instiga al grupo. En un intento por apaciguar los ánimos, el infante sale al balcón y el pueblo le pide que no se vaya. Por un instante parece que la situación se va a calmar, nada más lejos de la realidad, la sublevación está en marcha. 
Malasaña y su hija se baten contra
los franceses (1887)

por Eugenio Álvarez Dumont

» Comienza el levantamiento:
En los primeros momentos de la revuelta, grupos de hombres y mujeres se lanzan sobre los soldados imperiales. Por toda la ciudad comienza entonces la caza del francés. Todo aquel que tiene ganas y fuerzas, arremete contra el primer gabacho que encuentra. El furor y la rabia se desborda. Sorprendidos por la agresividad de los madrileños, los franceses corren a refugiarse en sus cuarteles. El general Murat, jefe de las fuerzas francesas que ocupan Madrid, observa la revuelta desde su Cuartel General el palacio de Godoy o Grimaldi y situado enfrente de los actuales Jardines de Sabatini (antiguas caballerizas reales). Su respuesta será una demostración de fuerza. En un primer momento los soldados del coronel Lagrange, hombre de confianza de Murat, intentan sofocar el tumulto, pero el pueblo se echa sobre ellos. La reacción del ejército más poderoso del mundo será fulminante. El batallón de granaderos de la guardia imperial acompañados de dos piezas de artillería y un escuadrón de cazadores polacos, asaltan la explanada de Palacio y sin previo aviso disparan sobre la población. La inesperada carga dispersa la muchedumbre, pero la insurrección ha estallado y ya nada conseguirá detenerla. 

Se juntan partidas de personas y los disturbios se van transformando, lentamente, en una insurrección general. Estas partidas estaban formadas por personas de clase baja, de profesiones humildes como obreros, funcionarios, artesanos y comerciantes. Las clases altas se mantienen al margen. Son muchos a los que se les acusa de afrancesados. A pesar de ello, hay algún que otro noble que se atreve a salir a la calle para luchar contra el invasor. Los edificios donde se afinan los franceses, el Hospital General y la Real Casa de Correos, son rodeados.

El ejército español tenía órdenes de no intervenir pero en la sede la Junta de Artillería, el capitán Pedro Velarde decide actuar. Sale a la calle en dirección al cuartel de Mejorada y en el camino encuentra al batallón de voluntarios de Andrés Rovira del que forman parte el teniente Ruiz, el capitán Goicoechea y unos 40 hombres. A su paso se les unen civiles armados con palos, horcas y azadas. Este improvisado batallón toma el camino hacia el cuartel de artillería de Monteleón, situado en la actual Plaza del Dos de Mayo. También las mujeres fueron protagonistas de la insurrección, nombres como el de Manuela Malasaña o Clara del Rey han llegado hasta nosotros, pero fueron muchas las que a pie de calle o desde las azoteas, hicieron frente a los soldados franceses. El enfrentamiento entre el ejército imperial y el pueblo madrileño era el de los cañones contra macetas.

Algunos grupos deciden dirigirse hacia una de las puertas para impedir la entrada de la caballería cosaca en la ciudad. Otros acuden a otras puertas de la ciudad con la misma intención: bloquear la entrada a las tropas francesas que se acantonaban en los pueblos cercanos a Madrid. La situación se torna ya en una verdadera batalla. Los franceses avanzan por las calles disparando a todos los grupos que se encuentran, sean sublevados o, simplemente, curiosos. Incluso hacen fuego contra las personas que se asoman a ventanas y balcones.

Los franceses marcan las puertas de las casas de donde han sido atacados. Cuando concluya la contienda, pelotones de castigo volverán en busca de los responsables que serán apresados y conducidos a los cuarteles para ser juzgados masivamente sin ninguna garantía de equidad y justicia. Desbordada por los acontecimientos, la Junta Regente, dicta un nuevo bando exigiendo a los madrileños que cesen en su revuelta pero ya es demasiado tarde. Toda la ciudad está en guerra. En la Cárcel Real tiene lugar un hecho insólito: los presos solicitan permiso para salir a matar franceses bajo promesa de regresar. Lo más sorprendente es que cumplieron su palabra, 51 de los 56 presos regresaron a sus celdas el día siguiente. De los 5 que faltaron, 3 fueron dados por muertos, otro gravemente herido y del otro no se volvió a saber.

» Refuerzos de los franceses en la villa a media mañana: 
En menos de cuatro horas, Murat movilizó una fuerza de 30.000 hombres. Desde los cuarteles de la Casa de Campo, de los Carabancheles o de El Pardo; las tropas acantonadas en los alrededores de Madrid, entraron en la ciudad dispuestas a establecer el orden.

El 2 de mayo de 1808 en Madrid o
"La lucha con los mamelucos" (1814)

por Francisco de Goya
La caballería del general Grouchy está preparada para avanzar desde una de las puertas del Buen Retiro. Está compuesta por jinetes de mamelucos y dragones, cazadores a caballo y granaderos. Su misión es llegar a la Puerta del Sol y a la Plaza Mayor y despejarlas, coordinándose con la infantería y la caballería que llegarían de otros puntos. Deciden avanzar por dos vías: la calle Alcalá, el camino más largo pero más seguro pues la calle es ancha y permite el avance organizado de la caballería, conduciendo directamente hacia la Plaza Mayor; y por San Jerónimo, recorrido más corto, pero con calles más estrechas no exentas de peligro, que desemboca en la Puerta del Sol.

Hacia las once y media de la mañana, la caballería francesa logra llegar a la Puerta del Sol desde San Jerónimo. De inmediato los mamelucos llevan a cabo una carga contra toda la gente reunida que quedará plasmado en el cuadro de Francisco de Goya 'La lucha de los mamelucos'. En él se aprecia la violencia del choque entre el cuerpo de caballería francesa de los mamelucos y la población madrileña que se lanzó al degüello de jinetes y monturas. 

Minutos después, hacia el mediodía, casi 1.000 coraceros franceses que estaban acantonados en los Carabancheles bajo el general Rigaud, llegan a la puerta de Toledo, previamente cerrada y custodiada por los madrileños, y se produce un choque violento. Llega la primera carga y los franceses son rechazados con grandes pérdidas por ambos bandos, la puerta de Toledo se había convertido en un matadero. Los madrileños clavan diferentes objetos punzantes a los caballos, haciendo caer el soldado francés y les degüellan. No obstante, los pocos defensores supervivientes corren despavoridos subiendo la calle de Toledo perseguidos por los franceses. 

Aunque la revuelta tiene sus horas contadas, todavía quedan insurrectos a resistir. Circulan noticias sobre la desesperada resistencia del ejército español en el cuartel de Monteleón. Los madrileños que aún conservan fuerzas y armas, se unen a los hombres del capitán Pedro Velarde para afrontar el último combate. En el resto de la ciudad, las tropas imperiales han restablecido el orden y comienzan a detener a los rebeldes. Una vez controlada Sol, los soldados imperiales se van haciendo poco a poco con otras zonas de la ciudad. La resistencia se diluye cada vez más en Atocha y Antón Martín. También en plaza Mayor, donde han huido las últimas partidas de ciudadanos que aún seguían atacando a los franceses.
Defensa del Parque de Artillería de Monteleón (1884)
por Joaquín Sorolla

» Defensa del cuartel de artillería de Monteleón, el final del levantamiento
: 
Tras cuatro horas de defensa del cuartel de Monteleón, hacia la una de la tarde comenzaría el final de la batalla. Daoiz, entre gritos, dirige el fuego de la artillería mientras Jacinto Ruíz carga constantemente los cañones. Velarde coordina el fuego de fusilería desde el edificio del cuartel. Su tarea es especial ya que tienen que proteger a los soldados. Con Daoiz y Ruíz a la cabeza, que expuestos al fuego enemigo, dirigen sus cañones desde la calle. El grupo de soldados y civiles ha rechazado varios ataques pero la munición se va agotando y el cañón, enclavado bajo el arco de entrada, ya sólo puede disparar metralla. Daoiz y Velarde desechan la idea de la rendición aunque son conscientes de que no hay escapatoria. Por más de tres horas los capitanes Daoiz y Velarde, junto al teniente Ruiz, con un reducido grupo de soldados contienen el ataque de dos mil franceses.

Los refuerzos de la artillería francesa, que ha llegado a Monteleón, empieza a abrir un intenso y constante fuego. Los artilleros españoles, en mitad de la calle, se resguardan como pueden tras sus cañones. Los franceses buscan hostigarlos hasta que lleven a cabo su asalto final. El general Lagrange, que dirige la operación por orden de Murat, observa el fuego de sus tropas. Decide esperar un poco más para llevar a acabo el asalto. Cuanto más tiempo se bombardee a los sublevados, más débil será después la defensa que se encontrarán. 
Muerte de Daoíz y Defensa del Parque de Monteleón (1862)
por Manuel Castellano

Finalmente el coronel Lagrange da la orden y 18.000 hombres del sexto regimiento de infantería formarían la columna de ataque y avanzan a Monteleón por las actuales calles Ancha de San Bernardo, Fuencarral, Daoiz y Velarde (antiguas calles de San Miguel y San José). Unos madrileños se lanzan contra la columna francesa y entabla una cruenta batalla cuerpo a cuerpo que provoca muchas bajas en ambos bandos. Por un momento los franceses impresionados por la resistencia que se están encontrado, se paran y retroceden ante este imprevisto. Las órdenes de los oficiales los vuelven a obligar. Llevan a cabo una descarga que mata a muchos defensores del cuartel, volviendo a cerrar filas y avanzando de nuevo.


Daoiz, sable en mano y entre gritos, agrupa a cuantos madrileños y soldados españoles puede reunir. Velarde los empuja hacia los caños a cuantos están huyendo. Mientras esto ocurre, muchos deciden otra vez por su cuenta, atacar a los franceses. Muchos madrileños se lanzan con la furia que da la desesperación, armados con cuchillos, machetes, navajas y bayonetas, hacia los soldados. Justo en el momento que va a partir el grupo, una bala le da de lleno a Velarde, mantándole al instante. 

Rodeados por franceses, en una confusión de gritos, explosiones y detonaciones de fusilería, Daoiz junto a unos cuantos españoles, se defienden dando sablazos a diestro y siniestro. Un balazo le penetra el muslo y cae al suelo. Ciego por la ira, el general francés pasa entre los cañones y acude al encuentro del de Daoiz que, apoyado en uno de ellos, se está desangrando. Lagrange le increpa a voces y le reprocha su actitud. Al grito de 'traidor' apunta su sable hacia el oficial español y sin mediar palabra, Daoiz, en un último esfuerzo, atraviesa el cuerpo del oficial francés con su sable. Los soldados imperiales, que no han podido evitarlo, fríen a bayonetazos a Daoiz que se desploma.

Hacia las dos de la tarde todo ha terminado. El cuartel se ha rendido. Luis Daoiz, entre grandes sufrimientos y dolores, será trasladado a su casa donde morirá. Los fallecimientos de Daoiz y Velarde serán el comienzo del mito. El Dos de mayo ya no se entiende sin ellos.

Al día siguiente, 3 de mayo, a las siete de la tarde, se dio sepultura a los dos capitanes. A Velarde lo enterraron con otros dos cadáveres junto a un pozo de agua dulce que había a los pies de la iglesia de San Martín, en el sitio llamado el Jardinillo. Tuvieron la precaución de dejar ambos cuerpos lo más cerca posible de la superficie de la tierra, por si en algún tiempo se trataba de ponerlos en otro paraje más hermoso a su memoria. Actualmente sus restos descansan junto a otros fusilados en el Monumento a los Caídos por España, en la Plaza de la Lealtad de Madrid.

El 3 de mayo en Madrid o "Los fusilamientos" (1814)
por Francisco de Goya
» Los fusilamientos a madrileños: 
Al caer la tarde del 2 de mayo, comienzan la detección de todos los madrileños sospechosos de haber participado en los hechos. El ejército francés hace balance de sus bajas y retiran sus muertos de las calles. Las represalias no se hacen esperar; años después Francisco de Goya compondría la imagen que inmortalizó la triste madrugada del 3 de mayo. En el paseo del Prado fueron fusiladas 32 personas el mismo día 2 de mayo, otras 11 personas fueron ejecutadas en otros puntos de la ciudad, como en el Portillo de Recoletos.

En la madrugada siguiente, hacia las 4, los franceses fusilaron a 43 madrileños en la montaña de Príncipe Pío. Todos ellos fueron elegidos a sorteo, excepto uno por el general Murat. Sus cuerpos permanecieron en en una hoya que cavaron sus verdugos hasta 9 días después, cuando secretamente, los hermanos de la Congregación de la Buena Dicha rescataron los cuerpos y los enterraron en el pequeño cementerio, propiedad de los empleados de la posesión de La Florida y actualmente conocido como cementerio de La Florida. Sólo se conocen los nombres de 29 de los 43 fusilados en aquella madrugada; sus restos descansan en dos cajas de cinc tras una lápida. 

Aquel día de primavera, se calcula que murieron 400 españoles de los que 360 eran civiles. El cómputo de bajas francesas correspondió al invasor y como suele ser habitual, la política acostumbra a maquillar las cifras y los hechos en beneficio propio. 

» Desarrollo de los acontecimientos del 2 y 3 de mayo en la villa de Madrid, gráfico realizado por Memorias de Fuenlabrada:


   Bando de la Independencia o de los Alcaldes de Móstoles: 

En la tarde del trágico 2 de mayo, Juan Pérez Villamil, secretario del Almirantazgo y fiscal del Consejo de guerra, acompañado de Esteban Fernández de León, ex intendente del Ejército, llegaron a la villa de Móstoles y se reunió con sus alcaldes, Andrés Torrejón (por el Estado Noble) y Simón Hernández (por el Estado General u Ordinario). Ambos les persuadieron a los alcaldes para que firmasen una circular, redactada por Villamil y dirigida a las autoridades de las poblaciones por las que habría de pasar, en la que se alertaba de lo ocurrido en Madrid, llamando al socorro armado de la capital y a la insurrección contra el invasor francés. El andaluz Pedro Serrano, acompañante de Fernández de León, se ofreció a llevar el parte por la carrera real de Extremadura (hoy carretera A-5) hasta Andalucía, y llegó a Badajoz dos días más tarde; cambiando de caballo en cada casa de postas que había en el itinerario (cada 15-20 km) y enseñando el pliego a las autoridades civiles y militares de las principales poblaciones de aquel. Los alcaldes de Móstoles fueron acusados y condenados a pena capital por haber hecho circular el bando, considerado un libelo contra los franceses, aunque éstos se defendieron desentendiéndose de la responsabilidad del manifiesto y cargándosela a «un hombre, no conocido, que se apareció con tropa en Mostoles la tarde del 2 de mayo», refiriéndose seguramente a Esteban Fernández de León, quien les habría obligado a firmarla; gracias a este argumento y al pago de una cuantiosa fianza —más de 30.000 reales— los mostoleños se libraron de ser ejecutados.

Copia del Bando de los Alcaldes de Móstoles,
en Cumbres de San Bartolomé (Huelva)
» Reproducción del Bando de la Independencia o de los Alcaldes de Móstoles del 2 de mayo de 1808:
Señores justicias de los pueblos a quienes se presentare este oficio, de mi el alcalde ordinario de la villa de Mostoles.

Es notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid, y dentro de la Corte, han tomado la ofensa sobre este pueblo capital y las tropas españolas; por manera que en Madrid está corriendo a estas horas mucha sangre. Somos españoles y es necesario que muramos por el rey y por la patria, armándonos contra unos perfidos que, so color de amistad y alianza, nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del rey.

Procedan vuestras mercedes, pues, a tomar las más activas providencias para escarmentar tal perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos, y alistandonos, pues no hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son. Dios guarde a vuestras mercedes muchos años.

Mostoles, dos de mayo de mil ochocientos y ocho.
Andrés Torrejón Simón Hernández

   Lugares madrileños destacados del levantamiento:

» Cuartel de artillería de Monteleón:
Desaparecido cuartel cuya entrada se ubica en la Plaza del Dos de Mayo en el barrio de Malasaña (anteriormente llamado Maravillas). Sus orígenes data de antes de 1639 aunque en forma de palacio, llamado de Monteleón y propiedad de los marqueses del Valle, duques de Monteleón y de Terranova. El edificio estaba situado entre las puertas de Fuencarral y Maravillas, haciendo de entrada por el norte a la villa de Madrid. En 1690 sus propietarios deciden derribarlo y construir un nuevo palacio como residencia habitual. Según las crónicas, era un suntuoso palacio que incluso en 1724 estuvieron viviendo Felipe V y su mujer Isabel de Farnesio. Continúa siendo residencia de los duques de Monteleón, hasta que en 1803, por Real Decreto a petición de Manuel Godoy, se crea el Real Museo Militar que se instala en los terrenos del palacio, abriendo sus puertas en 1805 y más tarde se crea el cuartel de artillería de Madrid.

El 2 de mayo de 1808, allí combatieron los capitanes de artillería Luis Daoiz y Pedro Velarde y sus tenientes Jacinto Ruiz y Rafael Arango junto a numerosos madrileños, al enfrentarse a las tropas francesas de ocupación. Fue derribado en 1868 por su estado ruinoso y se decidió crear una nueva plaza, la actual Dos de Mayo. En su recuerdo se levanta una estatua de Daoiz y Velarde tras la arco de entrada al cuartel, restaurada en 1869.

» Monumento a los Caídos por España
Monumento ubicado en la Plaza de la Lealtad junto a la fuente de Neptuno. En 1820 se convoca un concurso para crear un monumento en homenaje a todos los luchadores anónimos muertos durante la jornada del 2 de mayo de 1808. Al año siguiente se resuelve, siendo el ganador el proyecto del arquitecto Isidro González Velázquez. El 21 de abril de 1821 se coloca la primera piedra, parándose la construcción tras la vuelta del absolutismo a España. No será hasta 1836 cuando se retoma el proyecto, celebrándose la inauguración el 2 de mayo de 1840, coincidiendo con la efeméride del acontecimiento. Las estatuas alegóricas representa la Constancia, el Valor, la Virtud y el Patriotismo; y el obelisco de piedra mide 5,6 metros de altura.

Está erigido en el mismo lugar, en el paseo del Prado, donde el general francés Murat mandó fusilar a numerosos madrileños la tarde del 2 de mayo. En el sarcófago se encuentra las cenizas de los madrileños fusilados, así como los de Daoiz y Velarde.

Con la llegada de la democracia se decidió que el monumento extendiera el homenaje a todos los Caídos por España en cualquier época, sustituyéndose los mecanismos de instalación de gas de la llama votiva que arde de continuo por un sistema modernizado. Fue reinagurado el 22 de noviembre de 1985 por el rey Juan Carlos I. 

» Placas de homenajes a los héroes madrileños
En 1908, a iniciativa del Círculo de Bellas Artes, se instalan tres lápidas con motivo del primer centenario del levantamiento. Están situadas en la fachada de la Real Casa de Correos (Puerta del Sol), a la derecha de la puerta del Príncipe del Palacio Real (Plaza de Oriente) y otra en la Plaza del Dos de Mayo (en la pared de la Iglesia de las Maravillas).

En la Iglesia Nuestra Señora de la Buena Dicha (calle Silva, 21) hay una lápida en homenaje a la labor de la Hermandad de la Buena Dicha, que atendió en este lugar a muchos pobres de Madrid. Creada como hospital y cementerio, en 1808 atendió a los Héroes del Dos de Mayo, algunos de los cuales fueron enterrados aquí como su heroína Clara del Rey.

Además se puede encontrar las siguientes placas conmemorativas:
"Aquí estuvo la casa del capitán de artillería Luis Daoiz y en ella murió como consecuencia de las heridas sufridas en el cuartel de Monteleón el 2 de mayo de 1808" en la calle de la Ternera, 6.
"En este lugar el 2 de mayo de 1808 combatieron mujeres y hombres de Lavapiés, La Paloma y El Rastro contra los coraceros franceses", en la glorieta de la Puerta de Toledo.


» Cementerio de la Florida
Situado en el Paseo del Rey y entre el Parque del Oeste y la ermita de San Antonio de la Florida, se erigió en 1798 este camposanto a iniciativa de la Casa Real para destinarlo a sus empleados y familiares. En la madrugada del 3 de mayo de 1808, fueron fusilados 43 madrileños en la cercana montaña de Príncipe Pío. Lugar donde permanecieron insepultos hasta el día 12, en que fueron inhumados en este camposanto. En 1868 el cementerio será cedido a la Cofradía de la Buena Dicha y Víctimas del Dos de Mayo, no obstante, hasta el año 1874 seguirá habiendo enterramientos. 

Tiene una capilla levantada en 1960, justo al lado de donde estuvo la primitiva, y que da paso a la cripta con los restos en dos cajas de cinc, donde en una lápida, se recoge el nombre de 29 de los 42 fusilados en aquella madrugada. En la entrada, hay una llama votiva sobre un pebetero y una reproducción en cerámica de 'Los fusilamientos' de Francisco de Goya, realizada por Juan Manuel Sánchez Ríos. Tras una sencilla cruz de hierro sobre columna pétrea, accedemos a un patio castellano con una reproducción en cerámica del cuadro de Vicente Palmaroli 'Los desenterramientos de La Florida'. En el suelo, una lápida en mármol da testimonio de las inhumaciones. 

El 12 de mayo de 1808 fueron enterrados en este cementerio: José Amador, Manuel Antolín y Ferrer, Juan Antonio Alises, Francisco Bermúdez y López de Labiano, Domingo Braña y Calvín, Rafael Canedo, Lorenzo Domínguez, Francisco Escobar y Molina, Francisco Gallego Dávila, Manuel García, Miguel Gómez Morales, José Lonet y Riesco, Gabriel López, Fernando de Madrid, Antonio Martínez, Juan Antonio Martínez del Álamo, Antonio Mazías de Gamazo, Domingo Méndez, Antonio Méndez Villamil, Bernardo Morales, Anselmo Ramírez de Arellano, José Reyes Magro, José Rodríguez, Manuel Rubio, Martín de Ruicavado, Francisco Sánchez Navarro, Juan Antonio Serapio Lorenzo, Julián Tejedor de la Torre, Antonio Zambrano y Zambrano y otros catorce más no identificados. Junto a las 43 víctimas del 3 de mayo de 1808, hay otras 301 inhumaciones en este cementerio. 

Hasta 1917 el cementerio estuvo a cargo de la Cofradía de la Buena Dicha por cesión de Isabel II, ya que al menos dos de los fusilados eran miembros de ésta. Ese año, ante la poca cantidad de cofrades, lo que aboca a la desaparición de la Cofradía, uno de los miembros, Ortiz de Pinedo, que también lo era de la Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos, pasó a ésta la gestión. Desde entonces, el cementerio es mantenido gracias a la mensualidad que abonan los miembros de esta Sociedad, constituida en 1839 por ex-combatientes de las milicias populares.

Cada 2 de mayo, el Presidente de la Comunidad de Madrid y el Alcalde de Madrid, encienden el pebetero de la entrada y depositan una corona de laurel en la lápida del patio castellano, antes de la celebración de los actos en la Puerta del Sol.

» Estatua del Teniente Ruiz
Situada en la Plaza del Rey, en el barrio de Chueca, rinde homenaje al teniente Jacinto Ruíz Mendoza.

El general Martínez Campos, en colaboración con el teniente de infantería Ibáñez Marín, recaudó, entre los altos cargos del Ejército y del Gobierno, los fondos necesarios para levantar el monumento -17.000 duros-, encargando directamente al escultor Mariano Benlliure. El contrato, firmado por el general, estipulaba el compromiso de pagar al escultor en tres plazos la cantidad de 80.000 pesetas, y el artista se comprometía a terminar la obra antes del 2 de mayo de 1891, ocupándose de toda la realización y de los materiales, con excepción del bronce, que sería suministrado por el Gobierno. El artista realizó un retrato real del militar, gracias a un óleo proporcionado por su familia, y supo inculcar con gran maestría la tensión y el dramatismo del momento. Ejecutada por el escultor en 1891 en Roma, fue fundida en esta ciudad por la fundición Crescenzi. 

La colocación de la estatua tuvo lugar el 1 de marzo 1891 y la inauguración se realizó el 5 de mayo del mismo año. En marzo de 1909, el Gobierno de España ordenó el traslado mediante ferrocarril a Madrid de los restos mortales de Jacinto Ruiz que se encontraban en Trujillo. La inhumación de su cadáver se realizó debajo de la estatua, tras ser conducido en un armón de artillería a la Plaza del Rey.


» Estatua 'Al Pueblo del Dos de Mayo de 1808':
Emplazada entre la Plaza de España y la Montaña de Príncipe Pío, conmemora el heroísmo del pueblo de Madrid el 2 de mayo de 1808, mediante un grupo escultórico formado por el teniente Luis Daoiz, el chispero Juan Manuel Malasaña, su hija Manuela Malasaña, un niño anónimo, siendo un cañón como elemento central del conjunto y por encima, una mujer alada que porta una bandera plegada. La escultura era el envío de tercer año del escultor Aniceto Marinas como pensionado de número en Roma, y mereció Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892, siendo adquirida por el Estado para el Museo de Arte Moderno.

Con motivo del centenario del Dos de Mayo de 1808, en 1908, a iniciativa del Centro de Hijos de Madrid, se pensó vaciar en bronce el yeso original para levantar un monumento conmemorativo, que fue financiado por suscripción popular con un coste de 43.703,78 pesetas, a las que se sumaron los gastos para la gran fiesta de inauguración el 4 de mayo de 1908.

En origen se levantó en la glorieta de San Bernardo, trasladándose después a la glorieta de Quevedo, y en 1967 a su actual ubicación, en los jardines del general Fanjul.


» Callejero y nomenclatura en la villa de Madrid: 
El madrileño barrio de Universidad (antes conocido como Maravillas), recibe el sobrenombre de 'Malasaña' a raíz a una calle que se dedicó a la familia Malasaña en 1879 y después en 1961 a la joven costurera Manuela Malasaña. En este barrio se encontraba el cuartel de artillería de Monteleón, hoy su arco de entrada junto a la estatua de Daoiz y Velarde, es monumento central de la Plaza del Dos de Mayo. Asimismo, desemboca en la plaza: la calle Daoiz por el Oeste y calle Velarde por el Este (antiguas calles de San Miguel y San José)  y que fueron renombradas en 1835 por el Marqués Viudo de Pontejos; la calle del Dos de Mayo (por el sur) y calle Ruiz (por el norte). En sus cercanías, se ubica la calle Monteleón. Algo alejado del centro, en el barrio de Prosperidad, se encuentra la calle Clara del Rey, heroína de 1808. En el Palacio Real encontramos la calle Bailén, en honor a la Batalla de Bailén el 20 de julio de 1808, primera derrota del ejército napoleónico.


   Biografía de los Héroes del levantamiento del Dos de Mayo:

» Luis María Daoiz Torres (Sevilla, 10 de febrero de 1767 – Madrid, 2 de mayo de 1808):
Bautizado en la iglesia de San Miguel. Entre sus orígenes familiares hay que señalar el navarro por parte de padre, D. Martín Vicente Daoiz Quesada (del valle de Aoiz); y el andaluz por parte de madre, Doña Francisca de la Torre Ponce de León. Su padre solicitó su incorporación en el ejército en 1782, cuando tenía 15 años, tras cursar estudios en el colegio de los jesuitas de su ciudad natal. Por aquella época el cuerpo de artillería era muy elitista y sólo permitían el acceso al mismo a personas de linaje noble. Daoiz obtuvo la aprobación de nobleza correspondiente. En 1807 el regimiento al que pertenecía desplazó su segunda compañía a Madrid y solicitó su cambio de destino a la capital, por lo que fue nombrado comandante de la batería destinada en el parque de Artillería creado en el palacio del duque de Monteleón. Ese mismo año sus padres concertaron su matrimonio para la primavera de 1808 con una joven noble de Utrera, que ingresó en un convento sevillano tras la muerte de Daoiz. El 2 de mayo de 1808, en la defensa del cuartel de artillería de Monteleón, murió acribillado a bayonetazos. Fue conducido moribundo a su casa en la calle de la Ternera 6, donde expiró. Su cadáver fue trasladado también a la parroquia de San Martín, para ser enterrado con Velarde. Sus restos mortales descansan en el Monumento a los Caídos por España. 

» Pedro Velarde y Santiyán (Muriedas, 19 de octubre de 1779 – Madrid, 2 de mayo de 1808)
Velarde pertenecía a una ilustre familia procedente de Santillana del Mar. Sus padres, José Antonio Velarde Herrera, de la casa de Muriedas, y María Luisa de Santiyán, perteneciente a una distinguida familia de Puente de Arce, en el Ayuntamiento de Piélagos, tuvieron seis hijos: Pedro, Joaquín, Julián, María de la Concepción, María Josefa y Antonia María. Ingresó como cadete en el Real Colegio de Artillería de Segovia el 16 de octubre de 1793 junto con su hermano Joaquín, tras realizar en su propia casa de Muriedas los estudios preparatorios. El 1 de agosto de 1806 fue designado secretario de la Junta Superior Económica del Cuerpo de Artillería, afecta al Estado Mayor y establecida en Madrid (en la calle Ancha de San Bernardo, muy próximo a Monteleón), destino que ocupaba al llegar el 2 de mayo de 1808, en que dio su vida por la patria en un sublime ejemplo de valor y de heroísmo. Lo mató de un tiro a quemarropa un oficial de la guardia polaca, cuando ya la resistencia había cesado y Daoíz estaba mortalmente herido. El cuerpo, envuelto en el lienzo de una tienda de campaña, fue llevado a la parroquia de San Martín, donde lo amortajaron con un hábito de limosna. Tenía 28 años al morir. Sus restos mortales descansan en el Monumento a los Caídos por España. 

» Jacinto Ruiz Mendoza (Ceuta, 16 de agosto de 1779 – Trujillo, 13 de marzo de 1809)
Nació en el seno de una familia de condición noble, siendo sus padres Antonio Ruiz, subteniente de Infantería, y Josefa Mendoza. Pronto ingresó su hijo Jacinto en el Regimiento Fijo de Ceuta, el 17 de agosto de 1795 (se le otorgó la gracia de cadete en dicho regimiento), en el que habían estado destinados con anterioridad su abuelo y su padre, con los empleos de capitán y alférez. Jacinto Ruiz Mendoza es ascendido a teniente el 12 de marzo de 1807. El anonimato de un joven oficial con residencia en Madrid sería la nota biográfica más realista hasta los históricos acontecimientos del 2 de mayo de 1808, donde su talento, valor y firmeza, registrados en toda la documentación utilizada, van a hacer de su persona una conducta heroica. Ese mismo día, el 2 de mayo, el teniente Ruiz se encuentra enfermo, con altas fiebres; a pesar de ello no duda en incorporarse a su Unidad, cuyo acuartelamiento se encuentra en la calle Ancha de San Bernardo, próximo al parque de artillería de Monteleón. En una de las acciones de contención el teniente Ruiz sufre una herida de bala en el brazo izquierdo, retornando a su puesto tras serie contenida la hemorragia con un pañuelo, siendo atendido por el exento de Guardia de Corps José Pacheco. El general francés con unas dotaciones bastante superiores logra su objetivo de entrar en el Parque de Monteleón, sucumbiendo Daoiz y Velarde. Finalmente, Ruiz, rodeado de cadáveres y envuelto en el humo de las descargas es alcanzado por una bala que le penetra por la espalda y le sale por el pecho. Su cuerpo yace entre un montón de cadáveres, hasta que un médico francés comprueba que todavía conserva la vida y realiza una primera cura de sus heridas, que considera mortales. El teniente Ruiz permaneció en Madrid todo el mes de mayo de 1808, y hasta el 12 de junio no se pudo intentar sacarlo de la ciudad, cuando con fiebre y la herida sin cicatrizar, llegó a Badajoz. A pesar de la llaga de su herida, todavía abierta, Ruiz decide incorporarse al Ejército de Extremadura. Por último, Jacinto Ruiz termina sus días en Trujillo. Bien nos podríamos inclinar por una herida mal cerrada, o bien buscando la compañía de un tío suyo destinado allí. En dicha ciudad, tierra de conquistadores, hace testamento el 11 de marzo de 1809, falleciendo dos días después. El 14 de marzo recibe sepultura en la parroquia de San Martín de Trujillo. En marzo de 1909, el Gobierno de España ordenó el traslado mediante ferrocarril a Madrid de los restos mortales de Jacinto Ruiz que se encontraban en Trujillo. La inhumación de su cadáver se realizó debajo de la estatua, tras ser conducido en un armón de artillería a la Plaza del Rey.

» Rafael Arango (La Habana (Cuba), 1788 – 6 de noviembre de 1850)
Entró en las Milicias Provinciales de La Habana en 1799, y de cadete en el regimiento Infantería de Granada, cogiendo a muy temprana edad la carrera de las armas. Se trasladó a la capital de España, en los momentos críticos en que se hallaba ocupada por las tropas francesas; preocupado por el cariz que cobraban los acontecimientos, aceptó el nombramiento de ayudante de su Cuerpo que le propuso el comandante de Artillería de la plaza. Tan casual incidente hizo al joven Arango, que entonces tenía veinte años, el honor de ser uno de los héroes del 2 de mayo junto a los inmortales Daoiz y Velarde. Después de evadirse del parque de Artillería de Madrid, pasó al ejército de Andalucía, donde combatió en la victoriosa batalla de Bailén; acompañó al ejército hasta Madrid, y en la defensa de la capital, en diciembre de 1808, fue hecho prisionero; tras fugarse, se incorpora al ejército del Centro, durante un año, e interviene en la mayor parte de los gloriosos hechos de armas. En 1820 se le nombró teniente coronel efectivo de caballería, con destino a Guatemala; al año siguiente y cada vez más decaída su salud, pidió y obtuvo su retiro, siendo agregado al Estado Mayor de plaza Escribió y publicó los acontecimientos del parque de artillería de Madrid del 2 de Mayo de 1808, que serían reeditados después de su muerte, acaecida en La Habana el 6 de noviembre de 1850.

» Manuela Malasaña Oñoro (Madrid, c. 1791 – 3 de mayo de 1808)
Era costurera de humilde familia, vivía en la calle de San Andrés y cuando empezó el levantamiento se lanzó a la calle en ayuda de los patriotas. Sobre su muerte hay varias versiones: una cuenta que murió con su padre, alcanzada por una bala enemiga, en el cuartel de Monteleón; otra afirma que, cuando se dirigía al cuartel de Monteleón, fue detenida por los franceses, que la ejecutaron sin contemplaciones al encontrarle unas tijeras que utilizaba en su trabajo; una tercera versión dice que, al volver la muchacha a su casa la noche del 2 de mayo, un grupo de soldados napoleónicos intentó violarla. Manuela se defendió y fue asesinada. De acuerdo con las últimas investigaciones, esta joven bordadora de diecisiete años murió el 3 de mayo y fue asesinada en plena calle por una de las muchas patrullas francesas que recorrían la ciudad desarmando a los paisanos. Cuando los soldados encontraron las tijeras que portaba la muchacha, le aplicaron la bárbara orden de Murat, que mandaba fusilar a cuantos llevaran armas sin permiso. Pero ya sea como defensora de Monteleón o como víctima inocente de Murat, en el imaginario colectivo Manuela simboliza el valor y el coraje del pueblo madrileño. De ahí la exitosa difusión del mito de Malasaña, nombre en el que hoy se reconoce todo un barrio de la capital. Fue enterrada en el cementerio para pobres de la iglesia de la Buena Dicha, ubicado en la calle Silva. Sus restos mortales descansan en el Monumento a los Caídos por España. 

» Clara del Rey (Villalón de Campos, 1765 – Madrid, mayo de 1808)
Se incorporó a la defensa del Parque de Monteleón con su marido y tres hijos, atendiendo a la pieza artillera que mandaba el teniente Arango. Murió, junto a uno de sus hijos, alcanzada por un trozo de metralla que le destrozó la cabeza. Clara del Rey figura entre las víctimas del 2 de mayo identificadas en el Archivo Municipal de Madrid, donde consta que «deja dos hijos solteros», por lo que es de suponer que en el Parque de Artillería de Monteleón también murieron su marido y uno de sus hijos. Fue enterrada en el cementerio para pobres de la iglesia de la Buena Dicha, ubicado en la calle Silva. Sus restos mortales descansan en el Monumento a los Caídos por España. 

» Alcalde de Móstoles, Andrés Diego Torrejón García (Móstoles, 30 de noviembre de 1736 – 17 de agosto de 1812)
Como hijo de familia humilde que era, dedicó toda su vida a las labores del campo, trabajando a veces de jornalero, y ya más crecido, pudo vivir de sus propias tierras (unas arrendadas, otras heredadas y otras compradas). En 1774 fue elegido alcalde de la Santa Hermandad por el Estado Noble, en depósito. El 1 de enero de 1808 fue desinsaculado alcalde en depósito por el Estado Noble de la villa, aunque aceptó el empleo con reticencias debido a su avanzada edad (72 años); tomó posesión de dicho cargo el mismo día. El 2 de mayo de 1808 firmó junto con el otro alcalde, Simón Hernández, el histórico bando redactado por Juan Pérez Villamil y promovido por este y por Esteban Fernández de León. Se libró de la pena de muerte tras pagar una fianza y negar la responsabilidad sobre dicho bando,cargándosela a un desconocido que apareció acompañado de soldados y les obligó a los dos alcaldes a rubricarlo. El 17 de agosto de 1812 murió a la edad de 75 años, siendo enterrado a los pies del altar de Nuestra Señora de la Soledad, en la iglesia parroquial de la villa de Móstoles.

» Alcalde de Móstoles, Simón Hernández Orgaz (Móstoles, 28 de octubre de 1743 – 18 de diciembre de 1818):
Nació el 28 de octubre de 1743 en Móstoles; era hijo de Fernando Hernández y María Orgaz. Al igual que Andrés Torrejón, dedicó toda su vida a las labores del campo, labrando sus tierras (unas por arrendamiento, otras heredadas…). Se casó en 1771 con Isabel María Martín (de Getafe) y con ella tuvo al menos cuatro hijos. Según la tradición oral mostoleña de finales del siglo XIX, este alcalde tenía por oficio maestro de postas, lo que se confirma documentalmente al menos en 1779. El 2 de mayo de 1808, firmó el Bando de la Independencia. Repitió en el cargo de alcalde ordinario en 1814, tras la supresión del ayuntamiento constitucional y el regreso de los ayuntamientos absolutistas. Falleció el 18 de diciembre de 1818 a los 75 años de edad y fue enterrado en el ya desaparecido camposanto anejo a iglesia parroquial de la villa de Móstoles.

» Este punto, en recuerdo a todos los héroes anónimos que, un Dos de Mayo de 1808 y el resto de la Guerra de la Independencia, dieron su vida por la libertad del pueblo y de la nación

   Celebraciones del 2 de Mayo, Día de la Comunidad Autónoma de Madrid: 
El 25 de abril de 1984, es declarada fiesta de la Comunidad de Madrid la jornada del 2 de mayo en recuerdo del levantamiento del pueblo de Madrid al ejército invasor. En el siguiente listado, podrás conocer los municipios madrileños que realizan actos festivos en honor al Dos de Mayo:

» Madrid: 
Cada 2 de mayo a primera hora de la mañana, el Presidente de la Comunidad de Madrid junto el Alcalde de la villa de Madrid, depositan una corona de laurel en el cementerio de La Florida. Después hacen una ceremonia de entrega de distinciones de la Orden del Dos de Mayo y la Medalla de la Comunidad de Madrid en la Real Casa de Correos a distintas personalidades y colectivos sociales. Al finalizar, se celebra una parada cívico-militar en la Puerta del Sol. A lo largo del día hay retretas militares en el Palacio Real y Plaza Mayor. También hay fiestas en el barrio de Malasaña, destacado lugar del levantamiento, con conciertos, espectáculos, eventos deportivos y exposiciones entre otras actividades. 

» Móstoles
En esta localidad madrileña se celebra las Fiestas del 2 de Mayo, declaradas Fiestas de Interés Turístico Nacional en 2019. El 2 de mayo se celebra un homenaje a los Alcaldes de Móstoles, depositando una corona de laurel en la tumba y en la casa de Andrés Torrejón. A lo largos de varios días se celebra diferentes actos como un mercado goyesco, la interpretación de los 'Hechos del 2 de Mayo', fuegos artificiales, conciertos, eventos deportivos y feria. 

» Leganés
A primeros de mayo, suele ser el propio día 2, el Ayuntamiento rinde homenaje a los hermanos Rejón. Estos hermanos de Leganés atacaron junto a otros vecinos a escasos retenes franceses del segundo regimiento de húsares que se encontraba acantonado en las Guardias Walonas de Leganés, aprovechando que el regimiento comandado por Enric Maignet fue enviado para sofocar la revuelta a Madrid. El general galo ordenó detener a cuatro vecinos, dos de ellos (los hermanos Julián y Leandro) fueron fusilados el día 5 y enterrados en la ermita de San Nicasio. La corporación deposita una corona de laurel en el monumento a los hermanos Rejón en la avenida del Dr. Martín Vegue Jaudenes y después da inicio un desfile de la recreación de un ejército francés de la época por las principales calles.

» Colmenar de Oreja
Cada 2 de Mayo, se realiza una recreación histórica de la Guerra de la Independencia en la Plaza Mayor de la localidad, incluyendo participación de los vecinos.

» Bandas 2M:
Asimismo la Federación Regional de Sociedades Musicales organiza 'Bandas 2M' en la que diferentes agrupaciones realizan conciertos de música en diferentes pueblos y ciudades de la Comunidad de Madrid el 2 de mayo a las 12:30h. En la edición de 2019 hubo bandas en: Alcalá de Henares, Alcobendas, Algete, Casarrubuelos, Chinchón, Ciempozuelos, Collado Villalba, Colmenar Viejo, Fuentidueña de Tajo, Galapagar, Madrid, Meco, Morata de Tajuña, Navalcarnero, Perales de Tajuña, Pozuelo de Alarcón, San Martín de Valdeiglesias, Tielmes, Valdemoro y Villarejo de Salvanés.

   Otros artículos sobre la Guerra de la Independencia en el blog:
» Primera seguridad ciudadana en Fuenlabrada, en 1810

   Bibliografía y enlaces externos:
» VV.AA.: ''Arquitectura y Desarrollo Urbano. Tomo XI. Comunidad de Madrid''; Edita: Dirección General de Arquitectura y Vivienda, Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Fundación Caja Madrid y Fundación COAM; ISBN: 84-451-2697-0; Depósito Legal: M-50.270-2004
» Adriano Gómez Ruiz: "Cinco siglos de historia (1375 - 1900)"; Ayuntamiento de Fuenlabrada; ISBN: 84-500-9950-1; Depósito Legal: M-15.872-1984
» Benito Pérez Galdós "El 19 de marzo y 2 de mayo"; Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad; Depósito Legal: M.796-2008
» Documental ''El 2 de mayo, los héroes olvidados'', de José Manuel Novoa (2008) para Telemadrid
» David Martín del Hoyo; Jesús Rodríguez Morales; "El bando de los alcaldes de Móstoles del Dos de Mayo de 1808 y su influencia en el comienzo de la Guerra de la Independencia" (en PDF y trabajo inédito)
» Fernando Martínez-Laínez, "Los héroes de Madrid" (ABC)
» Descripción de los lugares destacados: Patrimonio Cultural y Paisaje Urbano del Ayuntamiento de Madrid
» Folleto Cementerio de la Florida de la Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos
» Biografías de la Real Academia de la Historia 
» Deguerra.org; Levantamiento del 2 de mayo de 1808
» El 3 de mayo en Madrid o "Los fusilamientos" [Material gráfico], Museo del Prado

1 comentario:

  1. Que gran aporte para la historia de España. Deberia ser de obligado estudio en Primaria para nuestros chicos y chicas. Graciazs

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