En los años 60, la calle de la Plaza seguía siendo una de las principales arterias de aquella Fuenlabrada que todavía conservaba el aspecto de un pequeño pueblo. Muy diferente de la imagen que tenemos hoy, era una calle de casas bajas, comercios y vecinos que se conocían entre sí, situada en pleno corazón del casco antiguo.
Su importancia venía de mucho antes. La calle había sido conocida históricamente con distintos nombres y constituía uno de los principales caminos de comunicación dentro del núcleo urbano. En 1950 se había asfaltado, convirtiéndose en la primera calle de Fuenlabrada en contar con este pavimento. En la década de los sesenta, aquel asfalto convivía todavía con un entorno eminentemente rural.
A pocos metros se encontraban la Plaza de España, el Ayuntamiento y la iglesia de San Esteban Protomártir. Era, por tanto, un espacio donde se concentraba buena parte de la vida cotidiana del pueblo. Por sus calles pasaban vecinos, carros, bicicletas y los primeros vehículos que comenzaban a cambiar lentamente la fisonomía de Fuenlabrada.
Todavía no había llegado el gran crecimiento urbano de los años 70. Las casas bajas dominaban el paisaje y las actividades agrícolas continuaban teniendo un peso importante en la vida de sus habitantes. Incluso algo tan cotidiano hoy como disponer de agua corriente en las viviendas no se convertiría en una realidad hasta 1969, con la llegada del abastecimiento del Canal de Isabel II.
Mirar una fotografía de la calle de la Plaza de aquella época es asomarse a los últimos años de una Fuenlabrada que estaba a punto de desaparecer. Detrás de aquellas fachadas, comercios y vecinos se encontraba un pueblo que aún mantenía muchas de sus costumbres, pero que ya comenzaba a sentir los cambios que transformarían para siempre su paisaje y su forma de vida.

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