17 de abril de 2014

Desaparecido hospitalillo de Fuenlabrada (s.XV)

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Antiguamente situado en la calle de la Fuente, en el solar que hoy alberga la Casa de la Cultura, existía un pequeño hospital atendido por un hospitalero, quien residía en él junto a su familia a cargo del municipio. 

Aunque resulta imposible datar con exactitud su fundación y se desconocen detalles precisos sobre su funcionamiento, se sabe que su objetivo principal era albergar a transeúntes y menesterosos, además de ofrecer cama a enfermos indigentes. 

El hospital disponía de recursos propios, seguramente procedentes de donaciones u obras iniciales, aunque también recibía apoyo del Ayuntamiento, que entre 1678 y 1686 creó una institución benéfica específica para los “pobres del hospital”, aportando 600 reales para su sostenimiento. 

A pesar de que el edificio casi siempre se encontraba en estado ruinoso, atendía primero a los vecinos y, cuando era necesario, a los heridos de las novilladas. Fuenlabrada contaba además con servicios médicos permanentes al menos desde el siglo XVII. 

Un documento del 6 de febrero de 1658 menciona a un médico del municipio, aunque sin precisar su nombre, indicando únicamente que su salario era de 5.000 reales anuales, destinado a atender a los habitantes más pobres. Los vecinos con mayores recursos complementaban esta asistencia mediante el sistema de igualas. Cuatro años más tarde, en un documento del 12 de abril de 1662, se menciona por primera vez el nombre del doctor de Fuenlabrada: don Valentín Carrión, quien continuaba percibiendo el mismo salario. 

Las epidemias eran frecuentes y preocupaban profundamente a la población. Enfermedades como la viruela, la gripe o dolencias propias de la época constituían una amenaza constante, en un tiempo en el que la vacuna era un lujo inaccesible. 

Por ejemplo, durante la epidemia de gripe de 1918 en Moraleja de Enmedio, el alcalde de Fuenlabrada ordenó colocar un guardia a la entrada del pueblo para impedir la entrada de vecinos de la localidad vecina y evitar contagios. Las condiciones de vida eran duras y la esperanza de vida muy limitada en comparación con la actualidad. El color negro en la vestimenta, aún recordado por generaciones, no tenía relación con la moda: significaba estar de luto, un luto que duraba tres años cada vez que un familiar fallecía.

  Bibliografía de este artículo:
» José Luis Rodríguez Jiménez, Gloria Gómez-Escalonilla: "Fuenlabrada Siglo XX: De un pueblo a una gran ciudad"; Edita: Ayuntamiento de Fuenlabrada; ISBN: 978-84-691-5266-9; Depósito Legal: M-37212-2008