22 de agosto de 2015

Lanzado desde el tren en 1916

En los primeros días de enero de 1916, una breve pero estremecedora noticia publicada en La Vanguardia daba cuenta de un episodio de extrema violencia ocurrido en un tren en marcha entre las estaciones de Fuenlabrada y Humanes. Bajo el sobrio título de “Acto reprobable”, el diario relataba un suceso que hoy sigue resultando tan indignante como revelador de la dureza de la época. 

El protagonista involuntario fue un muchacho que viajaba sin billete y sin dinero. Descubierto por el revisor del tren, Anacleto Toledano, el joven explicó su situación únicamente por señas, declarando ser mudo y carecer de recursos. Lejos de mediar compasión o aplicar una sanción proporcionada, el revisor reaccionó con furia: agarró al muchacho y lo arrojó por la ventanilla del vagón a la vía, con el tren aún en marcha. 

El resultado fue inmediato y grave. El joven quedó tendido con heridas de consideración hasta que otro tren lo recogió y lo trasladó a Madrid, donde pudo declarar. Allí afirmó llamarse Florentino Escala, un nombre que, más allá de la crónica, representa a tantos otros invisibles de la época: pobres, discapacitados o simplemente sin voz ante la autoridad. 

El hecho no quedó impune. El revisor fue detenido y conducido al juzgado de guardia, un desenlace poco habitual en un tiempo en el que los abusos de poder solían quedar silenciados, especialmente cuando las víctimas pertenecían a los estratos más vulnerables de la sociedad. 

Esta noticia, breve en palabras pero enorme en significado, retrata con crudeza la desigualdad social, la falta de protección a los más débiles y la violencia institucional normalizada en la España de principios del siglo XX. Más de cien años después, su lectura sigue interpelándonos: no solo como recuerdo histórico, sino como advertencia permanente sobre lo que ocurre cuando la autoridad se ejerce sin humanidad.

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  Bibliografía de este artículo:

» Hemeroteca La Vanguardia, 3 de enero de 1916