20 de agosto de 2013

La mayor voladura controlada de Europa transforma un barrio de Fuenlabrada

Cerca de quinientas personas acudieron ayer a presenciar la voladura controlada de dos de los veintiún edificios en estructura que componían el polémico barrio de Nuevo Versalles, en el municipio de Fuenlabrada. Cuarenta kilos de goma 2 de diámetro 26, repartidos en 808 cargas, hicieron posible el derrumbe instantáneo de los esqueletos, en una operación que, si se tiene en cuenta todo el conjunto, supone la mayor demolición por voladura controlada de toda Europa. 

ABC - VIERNES 25-6-93


La desaparición de este discutido y nunca acabado conjunto urbanístico dará paso a un nuevo barrio, una miniciudad de hasta siete mil nuevos hogares, que el Instituto de la Vivienda de Madrid (Ivima) presentará como uno de los principales logros en materia de vivienda social de la Comunidad autónoma que preside Joaquín Leguina.


La operación tuvo lugar a las siete menos cuarto de la tarde. Tras la detonación, que apenas duró unos segundos, el público retrocedió a gran velocidad para impedir ser alcanzado por la enorme nube de polvo provocada por la explosión.

Detrás de la zona que estaba vallada como medida de seguridad tan sólo quedaron dos montañas de escombros, que hoy se retirarán. Policía Nacional y Local, Guardia Civil y Bomberos custodiaron todo el proceso

«Impresionante y espectacular»

El director gerente del Ivima, Miguel Palmero, que calificó la voladura de impresionante y espectacular, adelantó que «como los cimientos de estas estructuras son pilotes, hay que extraer estos y partirlos, así que hoy empezará el troceamiento para poder trasladarlos». Comentó que el conjunto de la demolición de los restantes edificios abandonados costará 400 millones de pesetas y producirá un volumen 500.000 metros cuadrados. Aclaró Palmero que «no se llevarán a vertederos, sino que serán empleados como áridos en la construcción de carreteras, para evitar el deterioro del medio ambiente. De ello se encargará la empresa Conarsa, subcontrata de Cavorsa, que fue la encargada de proceder ayer a la destrucción de los dos esqueletos de doce pisos cada uno.

Al acto de derribo acudieron el alcalde, José Quintana, y restantes miembros de la Corporación municipal, así como la directora general de la Vivienda, Milagros Calles, y el gerente del Ivima. Palmero aclaró que, dado que la goma 2 es un material peligroso para que constantemente esté vigilado por la Guardia Civil, es necesario colocar los explosivos como máximo cada vez en dos o tres bloques y cada, aproximadamente, cuatro días, procederemos a las demoliciones». El conjunto de los edificios quedará derribado, según las previsiones, a finales del mes de agosto.

«Como un milagro» 

Por su parte, el alcalde, José Quintana, destacó que con la demolición comenzamos a dar vida a un nuevo proyecto que nada tiene que ver con el que se planteó en los años 60 en este barrio. Reconoció, por otra parte, que éste «ha sido uno de los mayores problemas con los que nos hemos encontrado en el Ayuntamiento». Añadió Quintana que «hemos tenido que aguantar un rosario de vicisitudes para conseguir ver esta demolición, que al final ha sido posible gracias a la Comunidad autónoma». Para el presidente de la asociación Nuevo Versalles, Antonio Nogales, «tras años de lucha, por fin ha visto la luz este barrio que estaba paralizado por culpa de estos esqueletos». Añadió que es como si fuera un milagro.

Como se recordará, el alcalde solicitó el pasado mes al consejero de Política Territorial, José María Rodríguez Colorado, que se derribaran las estructuras abandonadas. Días antes había firmado un decreto en el que daba un plazo al Ivima de una semana para que pusiera en marcha los dispositivos necesarios y anunció que si no lo hacía «el Ayuntamiento ejecutaría la demolición de forma subsidiaria», pero exigiendo al Instituto madrileño que lo financiase.

El 19 de abril de 1991 ya se volaron cuatro edificios del Nuevo Versalles, contando con la presencia del entonces consejero de Política Territorial, Eduardo Mangada. Entonces anunció que se efectuarían análisis técnicos para conocer el estado de las estructuras y ver cuáles podrían derrumbarse o aprovecharse. Los residentes calificaron la medida de electoralista puesto, que se realizó días antes de las elecciones municipales de ese año.

Quince años han permanecido a la intemperie estos edificios, en los que a finales de los años 70 pretendía la empresa constructora dar cabida a un total de dos mil viviendas

«Urbanización fantasma»

Conocida como la «urbanización fantasma», existen actualmente en la misma unos 40 bloques de hasta 14 alturas. De ellos, sólo están habitados por unas quinientas familias menos de la mitad. La historia de este barrio comenzó en 1973 cuando, siendo alcalde Regino Benítez, se aprobó un proyecto de 11.000 viviendas en una zona entre Móstoles y Fuenlabrada, a siete kilómetros del casco urbano de esta última localidad. La urbanización estaba pensada en torno al proyectode una autopista Madrid-Lisboa queiba a pasar por el centro de esosdos núcleos de población. Al irse altraste ese proyecto, surgieron los problemas.

Paralizadas en 1978

Primero, se hipotecó el suelo al Banco de Valladolid y, en 1978, el alcalde Lorenzo Mendoza decidió paralizar las obras, ya que el Ayuntamiento encontró numerosas irregularidades urbanísticas. «Entre las anomalías cometidas por la constructora -comentaba Mendoza en una entrevista en 1985-, cabe destacar que en el proyecto se incluían terrenos que no eran suyos, con lo que pretendían conseguir que sus propietarios se los vendiesen a buen precio para poder seguir construyendo».

Sin embargo, antes de que las obras fuesen paralizadas por orden del alcalde, se pudieron terminar varios bloques, en los que se instalaron unas quinientas familias que desde entonces, carecen de varias infraestructuras básicas.

Otras 3.000 viviendas empezaron a construirse de manera muy lenta hasta 1979, fecha en la que la Corporación municipal que surgió tras las primeras elecciones municipales democráticas exigió al promotor garantías sobre equipamientos, abastecimiento de agua e infraestructuras viarias.

Al no llegarse a ningún acuerdo, en 1980 se ordenó la paralización definitiva de las obras. La deuda con el Banco de Valladolid hizo que éste se quedara con los terrenos y los bloques levantados, pero cuando el Ayuntamiento socialista iba a comenzar contactos con esta entidad, el Banco pasó a depender de la Corporación Bancaria (actualmente, Fondo de Garantía de Depósitos) y el aspecto inmobiliario fue gestionado, tras la compra del Banco por el Barclays, por Repasa, organismo que el Fondo tiene para estos problemas.

Mientras, los vecinos conseguían algunas infraestructuras a base de protestas y encierros. Por ejemplo, se construyó una guardería y se abrió una línea de autobús con Fuenlabrada. También estuvieron encerrados 52 días a finales de 1986 hasta que fueron recibidos por la entonces delegada del Gobierno, Ana Tutor, a quien pidieron soluciones para su barrio. También fueron «sonadas» las protestas vecinales exigiendo mejoras en el abastecimiento de agua y en la construcción de una carretera de acceso a la zona.

Accidentes

Esta urbanización ha sido escenario también de tres hechos por los que saltó a las páginas de los medios de comunicación: la caída de dos niños (uno, en octubre de 1985 y, el otro, en junio de 1992) desde las estructuras abandonadas y la muerte de dos bomberos mientras hacían prácticas en esos «esqueletos» hace unos años.

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